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SOBRE MÍ

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No viajé para encontrarme.
Viajé para dejar de huir.

Cruzar ciudades y continentes suele parecer una búsqueda de cultura, libertad o perspectiva,
cuando en realidad es otra cosa:
verse sin filtros, sin roles, sin expectativas ajenas.

No trabajo para gustar. Trabajo para ver.

En los espacios que no controlamos, algo cae: la máscara.
Cuando el entorno deja de validar la versión más ensayada, aparece lo que hay.

Porque sí: en el aire vi cómo las personas dejan de ser lo que creen que son
en cuanto el mundo no responde a sus planes.

Al tocar tierra, suele ocurrir lo mismo:
se corre a recuperar la versión que encaja,
la que funciona, la que se controla,
como si volver al personaje fuera regresar a casa.

Pero es justo ahí donde te pierdes.
 

Los vuelos —y las ciudades— enseñan algo con claridad:
mirar sin filtros no siempre es cómodo, pero sí inevitable.

Londres me enseñó a mirar más allá del espejo.
París, a leer el estilo como un lenguaje secreto.
Amán y Doha, a comprender que lo esencial no se lleva puesto:
se arrastra, se oculta, se niega.
Madrid me devolvió la verdad de quién eres cuando dejas de huir de ti.

A 10.000 metros de altura entendí que las turbulencias solo confirman lo que la vida entera intenta disimular en tierra firme:
lo que evitas sentir, te acompaña.
Que el miedo que no nombramos termina vistiéndonos cada mañana.

Y entonces empecé a soltar.

Solté no solo ropa que ya no hablaba de mí.
Solté proyectos, creencias, amistades, versiones heredadas.
Solté los harapos emocionales con los que me disfrazaba de fuerte, de correcta, de productiva.
Y con cada capa que se fue, me fui quedando más yo.

No me interesa vestirme para encajar en una sociedad anestesiada.
Me visto para recordarme quién soy.
Y sí: claro que me gusta gustar.
Pero me gusta más gustarme.

Me llamo Charo Rejes, tengo 61 años y llevo una vida vivida.
Hoy acompaño a mujeres que también han vivido —mucho—
and que ya no quieren seguir disfrazándose para ser aceptadas.

Mujeres que no buscan estilo para aparentar,
sino estilo para revelarse.

Mujeres que intuyen que ha llegado el momento de desvestirse del personaje
y vestirse de sí.

 

No vengo a ayudarte a elegir ropa.
Vengo a ayudarte a deshacerte de lo que ya no eres.

Porque hay un momento —radical, irreversible—
en el que el lujo deja de ser lo que llevas
y empieza a ser lo que te atreves a dejar atrás.

Si has llegado hasta aquí, no es casualidad.
Al final, todas aterrizamos en nosotras mismas.

Y es ahí donde empieza el verdadero estilo.
No como apariencia, sino como revolución.

Y sí, este espacio no es para todas.

¿Te gustaría explorar quién eres sin disfraces?

Acompaño a mujeres que desean dejar de encajar y empezar a ser.

Asumir la conversación.

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